sábado, 10 de mayo de 2008

Para comenzar: que es la disfasia

Disfasia

La disfasia hace referencia a una deficiencia específica en la evolución de las funciones lingüísticas, tanto en su nivel comprensivo como expresivo, sin que ello pueda explicarse por aspectos ambientales, sensoriales, motores o afectivos, por lo tanto, no es un trastorno secundario a otros factores.
Su definición como trastorno a causado gran controversia, pasando por distintas denominaciones e intentos de clasificaciones. Desde la audiomudez idiopática de Ley en 1920 y la sordera verbal congénita de Worster-Drought y Allen en 1929. Para muchos autores el término disfasia ofrece confusión por su connotación neurológica, siendo la expresión “trastorno específico del lenguaje”, bastante usado en las investigaciones. A su vez, han surgido múltiples intentos de clasificación siendo actualmente la de Rapin y Allen (1983) la más ampliamente aceptada por la comunidad científica.

¿Que causa la Disfasia?

Si bien para el diagnóstico de las disfasias debe descartarse otro trastorno neurológico, es imposible considerar la existencia de un trastorno de lenguaje sin pensar en una relación con algunas funciones cerebrales. En este sentido la disfasia plantea un problema difícil de resolver. Un trastorno sin evidencias de lesión cerebral y que es más duradero que otros trastornos de lenguaje consecuentes a lesiones comprobadas (afasia infantiles).
Por ello, se han hecho investigaciones relacionadas a encontrar una causa que tenga su origen en una disfunción cerebral.
Dado que la recuperación de las afasias en el niño sigue un curso tan favorable, llama la atención que no ocurra lo mismo en los trastornos del desarrollo del lenguaje. Si la causa de éstos fuera una lesión hemisférica izquierda, ¿no debería acaso el hemisferio derecho reemplazarlo? Si bien se ha encontrado mayor número de hallazgos anormales en la resonancia magnética de pacientes disfásicos comparados con controles sanos, según Aram y Eisele las lesiones específicas del cerebro no se relacionan con trastornos en el desarrollo del lenguaje en niños. Incluso las lesiones hemisféricas izquierdas no explican totalmente los hallazgos en los trastornos del desarrollo del lenguaje. Una hipótesis interesante sostiene que es posible que una lesión del hemisferio izquierdo durante el desarrollo fetal sería capaz de afectar a las áreas del lenguaje sin llegar a comprometer la dominancia hemisférica, la cual inhibiría al hemisferio derecho para tomar el comando en el desarrollo del lenguaje.
Bernaldo de Quirós ha sostenido la tesis de que algunos trastornos del desarrollo del lenguaje son de origen subcortical, relacionados con disfunción del tronco cerebral y del sistema vestibular. La ausencia de lesiones corticales detectables en muchos de estos niños y las alteraciones halladas en potenciales evocados auditivos de tronco le otorgan cierto crédito a esta idea. Se supone que normalmente las diferentes estaciones que recorre la vía auditiva antes de llegar a la corteza temporal del hemisferio dominante son centros de transducción, que modifican el mensaje acústico de tal forma que pueda procesarse en el área de Wernicke. Si a causa de alteraciones en esos centros el mensaje no se procesa debidamente, la corteza auditiva no podrá interpretarlos correctamente.
La otitis media a repetición como una forma de barrera para que el niño adquiera un input sensorial adecuado, aún es un tema controvertido frente al que no hay consenso.
Se han encontrado que las anomalías citoarquitecturales en el cerebro podría ser una causa. Por ejemplo, asimetrías en el lóbulo temporal (izquierdo más grande que el derecho), en niños con disfasia y dislexia, y en niños disléxicos que habían sido previamente disfásicos, quienes tenían anomalías predominantemente en la región perisilviana izquierda. En un estudio en 41 adultos que habían sufrido trastornos del desarrollo del lenguaje, se encontró un surco supernumerario en la circunvolución frontal inferior. Estos hallazgos se presentan en algunos parientes de primer grado, sin constituir una firme asociación.
Numerosas publicaciones indican la existencia de un factor hereditario. Estos niños tienen mayor probabilidad de tener parientes de primer grado con trastornos del lenguaje o aprendizaje. Tomblin encontró un 23% de niños con trastornos de lenguaje con historia familiar positiva en comparación con sólo el 3% de niños sanos, y los hermanos son los que presentaban mayor riesgo. Un alto porcentaje de concordancia para trastornos de lenguaje se observó en mellizos monocigotos, frecuentemente con similar patrón de alteración.
La investigación sobre el cromosoma 7q y su posible relación con los trastornos del lenguaje ha mostrado algunos resultados positivos, aunque en escala limitada (2,4-7).
Las exploraciones neurofisiológicas, que son escasas en un cuadro tan importante y grave como éste, demuestran diversas alteraciones funcionales en disfasias, de ellas la más conocida es la actividad paroxística, lo que plantea una posible conexión entre el cuadro paroxístico y los trastornos del lenguaje.
Otra posible reafirmación de la disfunción se encuentra en las respuestas de los potenciales cognitivos P300 y N400, que en este caso indican una atención y contextualización afectadas. Con todos estos datos se perfila la hipótesis de la inmadurez cerebral neurofisiológica en sus diversas manifestaciones: paroxismos y afectación de los potenciales cognitivos. Nuevos trabajos podrían confirmar y profundizarían en los mecanismos subyacentes de las disfasias.

Como se manifiesta

Cuando la alteración se centra específicamente en el lenguaje, hay una enorme variabilidad intra e intergrupal. Estos aspectos se traducen en dificultades a la hora de generar taxonomías de los trastornos del lenguaje. A lo largo de la historia ha supuesto un reto la definición de los criterios diagnósticos y de clasificación de las dificultades graves del lenguaje, y todavía no existe un consenso claramente establecido sobre la mejor forma de clasificar los trastornos del lenguaje y, sobre todo, más allá de la categoría diagnóstica, no existe un acuerdo unánimemente aceptado sobre el significado real de esas categorizaciones propuestas.
La clasificación de uso más generalizado es la de Rapin y Allen, pues es más completa y los grupos parecen mejor delimitados. A su vez coincide con un estudio de Conti-ramsden et al. (1997) sobre 242 niños, en donde se encuentra una concordancia casi perfecta con estas categorías, excepto en lo que se refiere a la agnosia auditiva verbal.
Rapin y Allen clasifican las disfasias en 6 subtipos:

Según el trastorno de la vertiente expresiva:

Trastorno de la programación fonológica: Existe cierta fluidez en la producción, pero con articulación confusa (enunciados casi ininteligibles), hay una notable mejoría de calidad articulatoria en tareas de repetición de elementos aislados (sílabas, etc). La comprensión es normal o casi normal.

Dispraxia verbal: Muestran una incapacidad masiva de fluencia con grave afectación de la articulación (hasta ausencia completa del habla). Enunciados de una o 2 palabras que no mejoran en su realización articulatoria con la repetición. La comprensión es normal o casi normal.

Trastornos de comprensión y expresión:

Trastorno fonológico sintáctico: Es el más común. Hay un déficit mixto receptivo-expresivo, la fluidez verbal está perturbada, así también la articulación del habla. La sintaxis es deficiente: frases cortas, omisión de nexos y marcadores morfológicos, laboriosa formación secuencial de enunciados (frases ordenadas según el movimiento del pensamiento que les suscita). La comprensión es mejor que la expresión. Las variables de la dificultad de comprensión son: longitud del enunciado, complejidad estructural del enunciado, ambigüedad semántica, contextualización del enunciado, rapidez de emisión. El pronóstico, en general, es favorable, salvo en los casos graves; la mayor parte de los afectados alcanza a hablar antes de llegar a la edad escolar, aunque pueden persistir dificultades articulatorias, de evocación de la palabra y en la lectoescritura.

Agnosia Auditivo – Verbal: Existe sordera verbal, la fluidez verbal está perturbada, la comprensión del lenguaje está severamente afectada o ausente, la expresión es ausente o limitada a palabras sueltas, la articulación se presenta gravemente alterada. Tienen una comprensión normal de gestos.
Trastornos del proceso central de tratamiento y de la formulación:

Trastorno Semántico – Pragmático: El desarrollo inicial del lenguaje es más o menos normal, la articulación es normal con ligeras dificultades. El habla es fluente, a menudo logorreica; puede emitir frases aprendidas de memoria. Los enunciados son bien estructurados gramaticalmente. Existen grandes dificultades de comprensión; puede haber una comprensión literal y/o no responder más que a una o dos palabras del enunciado del interlocutor. Hay una falta de adaptación del lenguaje al entorno interactivo: deficientes ajustes pragmáticos a la situación y/o al interlocutor, coherencia temática inestable, probable ecolalia o perseverancia.
Trastorno Léxico – Sintáctico: Habla fluente con pseudotartamudeo ocasional por problemas de evocación. La articulación es normal o con ligeras dificultades. La jerga es fluente (en el niño pequeño). La sintaxis se presenta perturbada: formación compleja y dificultosa, interrupciones, perifrasis y reformulaciones, orden secuencial dificultoso, utilización incorrecta de marcadores morfológicos, frecuencia de “muletillas”. Hay una comprensión normal de palabras sueltas y comprensión deficiente de enunciados.
Si bien el trabajo de Allen y Rapin se hizo con una población de niños de habla inglesa, esta clasificación ha demostrado su aplicación en el idioma castellano.

Diagnostico y tratamiento

El diagnóstico de la disfasia es esencialmente clínico, en el cual se deben descartar varios trastornos que podrían estar afectando el desarrollo del lenguaje, estas son: hipoacusia, retraso mental y autismo.
Los criterios para el diagnóstico del trastorno específico del lenguaje son los adoptados por Leonard (1998) y son a su vez considerados los más adecuados por la comunidad científica internacional. Estos no deben ser entendidos más que como guías ya que este trastorno puede variar a lo largo de su evolución.
Los criterios según Leonard son:
§ Capacidad lingüística: Puntuación en los tests de lenguaje de – 1,25 desviaciones estándar o más baja; riesgo de devaluación social.
§ CI no verbal: CI manipulativo de 85 o más alto.
§ Audición: Supera por medio de screening los niveles convencionales.
§ Otitis media con serosidad: sin episodios recientes.
§ Disfunción neurológica: sin evidencia de ataques, parálisis cerebral, ni lesiones cerebrales; ausencia de medicación para control de ataques.
§ Estructura oral: ausencia de anomalías estructurales.
§ Motricidad oral: Supera el screening empleando ítems evolutivamente apropiados.
§ Interacciones físicas y sociales: Ausencia de síntomas de una interacción social recíproca alterada y de restricción de actividades.
En cuanto a la evaluación psicométrica, se reconoce que incluso los mejores tests no pueden cubrir la diversidad de detalles que pueden ser problemáticos en estos niños. Tampoco pueden dar cuenta de la importancia relativa de cada una de estas áreas en el funcionamiento cotidiano del niño con disfasia. Sin embargo, en estudios de Botting et al., (1997), ponen de manifiesto que el diagnóstico psicométrico lograba identificar bien 5 de los 6 subtipos de disfasias propuestos por Rapin y Allen (1987, 1988).
En cuanto al CI no verbal, se debe advertir sobre el hecho de que un CI de 85º más en los test de inteligencia no verbal no significa que los niños con disfasia estén libres de sospecha en todas las operaciones cognitivas no verbales. Además, el CI no verbal de los niños con disfasia va disminuyendo con el tiempo precisamente a causa del deficiente papel de u lenguaje limitado como mediador cognitivo.
Se excluye en el diagnóstico de disfasia niños con trastornos neurológicos, pero algunos de estos niños pueden presentar indicadores de ligeros retrasos madurativos neurológicos (lentitud de respuestas motoras, déficit de atención, Entre otros).
Por último, la ausencia de síntomas relativos a la interacción social y a la restricción de intereses representa un factor diferencial respecto a los trastornos generalizados del desarrollo descritos en el DSM-IV (1995). (1,2)
Las semejanzas en las características del lenguaje entre los niños con autismo y los niños con trastornos específicos del lenguaje receptivo son evidentes. Este hecho llevó a algunos autores a proponer que el autismo, entendido como un trastorno específico, y la disfasia receptiva formaban parte de un mismo continuo, siendo el autismo el extremo más grave de ese continuo. Estos mismos autores abandonaron tal hipótesis con posterioridad.
Con frecuencia, al observar a niños pequeños con disfasia, aparecen asociadas grandes dificultades de atención al lenguaje; esto se relaciona con las conductas de desconexión, escasa duración en la interacción y problemas de conducta. Sin embargo, los niños pequeños con disfasia frecuentemente utilizan estrategias comunicativas de carácter no verbal para compensar sus dificultades. Algunas de ellas son la expresión facial, las miradas de referencia conjunta y los gestos, como es la conducta protoimperativa y protodeclarativa.
Se ha llegado al consenso de que en general lo que fundamentalmente diferencian ambos trastornos son que el niño con disfasia al no tener un código verbal presenta una búsqueda de alternativas comunicativas y en que imita muy bien y se muestra interesado por aprender, aspectos que no se observan en niños con trastorno del espectro autista.
La intervención en niños con disfasia debe plantearse desde un punto de vista multidisplinar (lingüístico, psicológico, escolar, familiar, entre otros). Limitarse únicamente al tratamiento del lenguaje, sería cerrar muchas posibilidades al desarrollo integral del niño. En el planteamiento de la intervención en la disfasia encontramos la complejidad que el trastorno conlleva, y la complejidad de la población ya que no presentan un patrón de problemas de lenguaje característico al que dirigir un tratamiento concreto sino que el trastorno es heterogéneo y los déficit de diferentes subgrupos resultan de distintas causas subyacentes. Por tanto resulta complicado diseñar un programa de tratamiento para estos niños que además de presentar una gama amplia de problemas de lenguaje, presentan un riesgo considerable de problemas sociales y conductuales, así como notables dificultades educativas.
El propósito de la intervención según Olswang et al, es triple : cambiar o eliminar el problema subyacente, seleccionar un desorden cambiante enseñando conductas específicas (por ejemplo, ampliar el número de palabras y morfemas gramaticales en la frase para producir un amplio rango de relaciones semánticas, o utilizar un lenguaje más flexible y apropiado), y enseñar estrategias compensatorias, no conductas específicas de lenguaje (por ejemplo, enseñar al niño a utilizar rasgos fonéticos determinados, o enseñarle estrategias que le ayuden a recordar el vocabulario durante la conversación).

Los síntomas no lingüísticos

Los niños con trastornos específicos del desarrollo del lenguaje, que presentan afectación tanto en la comprensión como en la expresión, muestran también un abanico de conductas heterogéneas.
Desde los primeros estudios, los autores han señalado la presencia muy frecuente de otras alteraciones del desarrollo en los niños con disfasias congénitas.
Algunos autores como Ajuriaguerra las interpretan como manifestaciones de un mismo problema, mientras que otros se limitan a señalar la coincidencia de dichas alteraciones, pero sin atreverse a dar interpretaciones.
Los aspectos presentes en estos niños que son más destacados son:

Aspectos Cognitivos:
§ Dificultades en el juego simbólico
§ Déficit en la construcción de imágenes mentales
§ Déficit en la memoria y en el procesamiento secuencial
§ Déficit en la memoria auditiva a corto plazo
§ Alteración de la estructuración del tiempo y del espacio
§ Heterogeneidad de los resultados en las distintas subpruebas de las escalas de medida del desarrollo intelectual.

Aspectos Perceptivos:
§ Dificultades en la discriminación de estímulos auditivos
§ Mayor tiempo de latencia y necesidad de más tiempo en la presentación de estímulos, sobre todo por vía auditiva
§ Déficit perceptivo para las frecuencias conversacionales

Aspectos Psicomotores:
§ Dificultades práxicas
§ Alteración del proceso de lateralización
§ Inmadurez de destrezas motoras
Aspectos Conductuales:
§ Alteración de la capacidad de atención, hiperactividad
§ Alteración de las relaciones afectivas y del control de emociones

Algunas de estas dificultades las podemos definir como posible causa (los déficits secuenciales o perceptivos), otros como proyecciones no verbales de un problema original común (déficits cognitivos y psicomotores) y algunas que se presentan tanto como causas que como consecuencias de dificultades de comunicación con el entorno(alteraciones conductuales).

1 comentario:

Cristy dijo...

Muchas energías para que este blog sea conocido y bien aprovechado por todos las personas a las cuales les interese o requieran conocer más sobre el tema!

Un abrazo grandote para tí y tu iniciativa....